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LA ESTRATEGIA REPRESIVA DE ERDOGAN LOGRÓ UNIR A SECTORES OPOSITORES MUY DISPARES

Fuente: Brecha 12/04/2019

Autor: Alvaro Hilario entrevista al investigador social turco Barish Tugrul.

Una mujer mira desde una ventana tras una gigantografía del presidente turco, Recep Tayyip Erdogan, el 5 de marzo, en Estambul / Foto: Afp, Ozan Kose

Tras una campaña basada en el ultranacionalismo y en medio de una feroz crisis económica, la coalición conservadora encabezada por el presidente de Turquía sufrió un duro revés en las elecciones a alcalde de las principales ciudades del país. A pesar de las fuertes divisiones internas, la oposición comienza a levantar cabeza.
En las elecciones municipales turcas del pasado 31 de marzo, la coalición liderada por el islamista Partido de la Justicia y el Desarrollo (Akp, por sus siglas en turco) resultó ser la opción más votada con el 51 por ciento de los votos. Pero la formación del presidente Recep Tayyip Erdogan perdió en las grandes ciudades como Ankara, Estambul e Izmir, donde gobernaba desde hace años.
Barish Tugrul es investigador en el Departamento de Ciencias de la Comunicación de la Universidad de Hacettepe de Turquía. Realizó sus estudios de posgrado en sociología en la Universidad Complutense de Madrid. En la actualidad redacta su tesis en la Universidad del País Vasco y la parisina École des Hautes Études en Sciences Sociales sobre la reproducción intergeneracional de la violencia política en los casos kurdo y vasco. En conversación con Brecha, analizó los comicios y el nuevo revés sufrido por Erdogan.

—¿Cuál es el alcance de estos resultados electorales? ¿Qué razones pueden señalarse?
—En realidad, hay que destacar de antemano que la crisis de gobernabilidad que vive Turquía empezó antes de las elecciones locales del 31 de marzo. Desde las generales del 7 de junio de 2016 –en las que el AKP experimentó su primer revés electoral al perder la mayoría absoluta en el Parlamento turco–, Erdogan optó por girar hacia una política ultranacionalista y se acercó a su aliado actual, el Partido de Acción Nacionalista. Su estrategia basada en el miedo le devolvió el poder, pero tomar ese rumbo implicó subir cada vez más el tono hostil y agresivo hacia la oposición. Al final, se llegó a tal nivel que el miedo se convirtió en enfado. Cuando las masas están aterrorizadas, se callan, pero cuando están enfadadas, reaccionan.
El enojo provocado en la oposición generó una reacción contundente. Tras ser constantemente acusados de terroristas, traidores a la patria, cómplices de los “poderes extranjeros” cuyo único objetivo es el colapso total de la nación y el Estado turco, los opositores se han hecho fuertes y la gente ha mostrado su descontento. En realidad, la estrategia represiva de Erdogan logró una cosa que ningún líder de la oposición podría lograr, que es unir a sectores tan distintos (kemalistas, kurdos, socialistas) bajo el mismo umbral y consolidar un voto de reacción.
Por otra parte, los votantes del AKP han mostrado su insatisfacción con las políticas económicas del gobierno, en el marco de la grave crisis actual y el aumento imparable de los precios de productos básicos. Puede que un porcentaje muy pequeño de esa base electoral haya cambiado el color de su voto y haya optado por otro partido, pero un 4 o 5 por ciento de los seguidores del oficialismo mostró su descontento a través de la abstención. En sus últimos mítines en Estambul, Erdogan pidió el voto subrayando que no era el momento de “pedir cuentas” o castigar al gobierno. Al final, sí que se lo castigó con dureza, con la pérdida de la alcaldía de Ankara –donde su corriente política gobernaba desde hace veinticinco años– y posiblemente la de Estambul,1 donde comenzó su trayecto político en las elecciones locales de 1994.

—¿Cuáles son las principales diferencias en el voto urbano con respecto a votaciones pasadas?
—Cuando se trata de ciudades como Estambul, Adana o Mersin, hay que tener en cuenta un elemento importante: el voto kurdo en esas metrópolis. En condiciones “normales” sería impensable que los kurdos votaran a una coalición como la del Partido Republicano del Pueblo (socialdemócratas) y el Iyi Parti (nacionalistas liberal-conservadores). Lo han hecho en esta ocasión tras haber sufrido las políticas extraordinariamente represivas de Erdogan y tras el llamado del preso político Selahattin Demirtas (candidato del prokurdo Partido Democrático de los Pueblos, HDP) a votar por las listas que tuvieran chance de superar al AKP. Quizás la política hostil de Erdogan hacia la cuestión kurda, adoptada tras las elecciones de junio de 2016, le sirvió para recuperar poder a corto plazo, pero ahora el apoyo electoral de los kurdos a la oposición le hizo un daño irrecuperable.

—Erdogan había planteado estas elecciones como un plebiscito sobre su persona y sus políticas.
—Desde hace tiempo tiene muchas dificultades para encontrar argumentos viables que justifiquen su estrategia represiva. Su discurso se basa en la denuncia de amenazas exteriores e interiores que quieren dinamitar la estabilidad política del país. Son argumentos que no se corresponden con las preocupaciones de la población turca: la crisis económica ha empeorado la calidad de vida de las clases bajas, que hace una década tenían a Erdogan y su partido por héroes. A eso se suma la crisis de gobernabilidad; los argumentos utilizados para explicar la mala dirección del país ya no son de recibo. En suma, cuando el bolsillo se vacía cada día más, poco le importa a la gente escuchar cuentos sobre el supuesto vínculo entre los partidos de la oposición política y organizaciones terroristas.

—Estas elecciones parecen haber quebrado la imagen de invencibilidad del presidente turco. ¿Hay esperanza para la oposición?
—Erdogan controla el 95 por ciento de los medios de comunicación de Turquía. Sus mítines se trasmiten en directo a través de unas ocho o diez cadenas de televisión de modo simultáneo. Ejerce control absoluto sobre el Poder Judicial, la Policía, el ejército y las demás instituciones clave. A pesar de todo este poder, ha recibido un golpe severo. Por mucho que él intente disimularlo, este es el comienzo del fin de una época que podemos llamar el siglo de oro del erdoganismo. Ahora bien, todavía es el líder más popular del país; tiene mucha influencia sobre grandes masas y sería exagerado interpretar este daño como una derrota total. Es difícil prever cómo y hacia qué dirección se dirigirá su estrategia poselectoral, pero, bajo las condiciones políticas y económicas actuales y con una burocracia altamente basada en el unipartidismo y la lealtad a un solo líder, la solución requiere grandes reformas.

—En el vecino Irán genera descontento que, a pesar de la crisis económica, el gobierno involucre al país en guerras de elevado costo. ¿Sucede algo similar en Turquía por su injerencia en Siria e Irak?
—Aunque sean dos contextos diferentes, las consecuencias sociales y económicas de la guerra en Siria –como los refugiados y las costosas medidas militares– también juegan un papel importante. Se observa un nivel llamativo de racismo hacia los refugiados sirios, y, desafortunadamente, este tema ocupó una parte importante en la agenda electoral de la oposición cuando se criticaban las políticas económicas del gobierno.

—Señalabas antes que frente a la crisis, la guerra y el autoritarismo, hubo partidos, como el HDP, que pidieron el voto para otras formaciones mejor posicionadas frente al oficialismo. ¿Cómo interpretas este hecho?
—Creo que en este sentido el movimiento kurdo de liberación ha jugado un papel decisivo. Desde mi punto de vista, ha sido un gesto político inteligente, porque sin ese apoyo electoral sería impensable que la oposición recuperara alcaldías claves como las de Adana, Mersin y, sobre todo, la de Estambul. Al desmontar en 2015 la mesa de negociaciones con la guerrilla kurda y girar hacia una política muy represiva en el Kurdistán turco, Erdogan cerró todas las vías hacia una paz justa y duradera. Este giro ha supuesto un coste muy elevado, no sólo en términos económicos, sino también por la pérdida de miles de vidas humanas, un trauma que afectará a las generaciones siguientes. No sé si Erdogan imaginaba entonces que esta nueva estrategia basada en el ultranacionalismo y la represión político-militar le podría suponer un costo en el futuro, pero el 31 de marzo ha mostrado que sí. Este acontecimiento volvió a demostrar un hecho muy importante: la solución de los problemas políticos y sociales en Turquía pasa obligatoriamente por una solución política a la cuestión kurda. Sin ella no se puede solucionar nada, y cualquier actor político que aspire a liderar el país tiene que empezar por este tema.

—¿En qué clima se desarrollaron las elecciones en el Kurdistán turco? Desde la oposición se denunciaron detenciones masivas de candidatos, asesinatos, violencia.
—Si las elecciones han tenido lugar en un ambiente completamente antidemocrático en Turquía, ese ambiente ha sido al menos diez veces más antidemocrático en el Kurdistán. Muchos de los dirigentes del HDP están encarcelados, los medios han sido cerrados, los periodistas están juzgados por delitos de terrorismo; se trata prácticamente de una invasión militar en todas las ciudades y localidades donde el movimiento kurdo domina la vida política y social. Los alcaldes y las alcaldesas democráticamente elegidos se encuentran en la cárcel o están cesados por decretos ejecutivos –que ponen sus funciones en manos de gobernadores designados por el gobierno central–. Si sumamos a esto el traslado de algunas urnas por motivos de seguridad o la emisión de listas electorales ficticias en las que figuran miles de personas que sólo existen en el papel, creo que uno tendría más o menos una idea sobre el nivel democrático. El relativo descenso de votos que sufrió el HDP en algunas localidades se debe tener en cuenta dentro de ese marco. Desde mi punto de vista, el éxito en varias localidades logrado por el HDP bajo estas condiciones es un milagro. Además, su rol en el resto del país fortaleció a la oposición y las esperanzas de democratizar el país.

—¿Influyó en la campaña la huelga de hambre que el movimiento kurdo desarrolla en Turquía y otras partes del mundo?
—Las huelgas de hambre siempre han sido una herramienta eficaz en la historia de la lucha política kurda. Creo que la huelga para acabar con el régimen de aislamiento empleado sobre el líder guerrillero Abdullah Öcalan2 ha sido un medio para sensibilizar a la población kurda y para canalizar su voto en la lucha. Para un porcentaje muy elevado de esa población Öcalan es un líder popular, un símbolo de resistencia y liberación. El mensaje ha sido: “Si Erdogan castiga a Öcalan aislándole –y así castiga al pueblo kurdo–, ahora los kurdos tienen una posibilidad de castigar a Erdogan con sus votos”.

1. El 31 de marzo, el opositor Ekrem Imamoglu ganó las elecciones para la alcaldía de Estambul con una diferencia de 0,28 por ciento sobre el candidato oficialista. El AKP sostiene que existieron irregularidades en la votación y esta semana pidió repetirla.

2. Véase Brecha, 5-IV-19.

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