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EL RENACIMIENTO DE LA CULTURA DEL “LINCHAMIENTO” EN TURQUÍA

Autor: Fehim Taştekin

En la memoria colectiva permanece fuertemente arraigado lo que coloquialmente denominan “linchamiento” a tenor de los acontecimientos violentos contra grupos minoritarios derivados de las provocaciones del estado turco. En las últimas semanas, cientos de incidentes de esta categoría han anunciado el resurgimiento de la violencia callejera que se respira como un clima tóxico y que crece día tras día, avivando el odio y normalizando la violencia con los actores políticos.
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En la historia reciente de Turquía, las turbas violentas se dirigieron principalmente contra la población de armenios, siriacos, judíos, kurdos y alevíes. Tanil Bora, autor del libro “El régimen del lichamiento en Turquía” (Türkiye’nin Linç Rejimi) explica que cuando se trata de alevíes y kurdos, se convierte en una zona de tiro libre, y el linchamiento de izquierdistas siempre ha sido tolerado.” La policía y algunos “ciudadanos sensibles” actúan sobre la base de este conocimiento.


Los kurdos vuelven a ser el último objetivo de las turbas. El 16 de septiembre, una búsqueda en Google con las palabras clave “intento de linchamiento” en turco produjo unos 78.000 resultados para el período desde el 24 de julio, cuando Ankara reanudó las operaciones militares contra el Partido de los Trabajadores del Kurdistán (PKK), rompiendo el proceso de alto el fuego con el grupo armado. El Partido Democrático de los Pueblos (HDP) – vilipendiado por el Partido de la Justicia y Desarrollo (AKP), vio destrozadas sus oficinas, saqueadas e incenciadas. 128 oficinas del partido HDP fueron atacadas en el período del 6 al 11 de septiembre. Los ciudadanos kurdos tampoco se han salvado de los ataques, trabajadores, pasajeros de autobús, personas que hablan kurdo por la calle, negocios kurdos e incluso personas con tono de piel morena confundidas por kurdas fueron atacadas por estos grupos vandálicos.

racist-attackEn el siglo pasado Turquía se ha visto envuelta en una serie de pogromos y violencia colectiva en la que el Estado fue directamente partícipe, actuando como instigador, conductor o simplemente “dejando hacer”: El genocidio armenio de 1915, las masacres perpetradas en 1914-1915 que acabaron con los siriacos, las masacres en 1937-1938 donde fueron masacrados 13000 alevíes en Dersim, otros 12.000 deportados. Los pogromos de 1934 en Tracia, que provocó el éxodo de alrededor de 15.000 judíos, los pogromos de Estambul (1955) donde las propiedades de griegos, judíos y armenios fueron saqueadas. También las masacres de 1978-80 de alevies en Maras, Sivas y Corum; y el incendio de 1993, de un hotel en Sivas en el que murieron 37 intelectuales Alevíes. Todas estas imágenes permanecen en la memoria como perpetradas por las turbas frenéticas. 

Difícilmente puede argumentarse que los valores democráticos hayan avanzado y que todo esto haya quedado en el pasado. El fenómeno es recurrente. El primer precursor de esta dinámica ocurrió durante las protestas en el Parque Gezi en el 2003 (Estambul) cuando los propietarios de las tiendas, con palos en mano salieron a las calles, aterrorizando a los manifestantes que desafiaban al gobierno. Recep Tayip Erdogan, legitimizó dichos ataques cuando declaró: “Cuando es necesario, los tenderos son policías, soldados, combatientes y guardianes de los barrios”. Erdogan fue más allá el mes pasado cuando afirmó lo siguiente:  “Se que mis mukhtars (jefes elegidos de distrito) son conscientes de qué tipo de personas viven en tal o cual casa. Deben acudir a sus gobernadores o jefes de policía e informar sobre ellos“. Esta retórica ilegal ha abierto una puerta a una nueva forma de ataques perpetrados por ciudadanos al servicio del estado.

Como respuesta de las operaciones militares contra el PKK, el movimiento de liberación kurdo intensificó sus propios ataques, y los funerales de policías y soldados se convirtieron en una rutina diaria. Fácilmente agitados, estos “ciudadanos sensibles” y demás grupos establecidos desde hace tiempo con una ideología ultra nacionalista, se lanzaron a la carga contra la población kurda, junto con un grupo hasta ahora poco conocido, los “Osman Ocaklari” Osmanli ocaklari(Estufas otomanas) A continuación doy varios ejemplos de la violencia callejera que a fuego lento se ha ido produciendo desde finales de julio:

Ibrahim Çay linchado

El 8 de septiembre, en la ciudad mediterránea de Fethiye se inició una cacería humana contra Ibrahim Çay, un kurdo que había compartido una foto suya en Facebook vestido con traje tradicional kurdo. Ibrahim recibió una llamada del comandante de la policía local, aconsejándole que se quedara en su casa, porque iban a pasar a detenerlo.  Al poco tiempo, dos coches y cuatro motocicletas, que no pertenecían a la policía, llegaron hasta su casa, y Çay al ver lo que le esperaba escapó.  Rápidamente una turba de unas 70 personas capturaron a Ibrahim Çay, le dieron una paliza en la plaza del pueblo y desnudándole le obligaron a besar un busto de Atatürk. Fue entonces cuando apareció la policía en su rescate. Una vez en el hospital, los médicos se negaron a tratarle, mientras tanto un gran grupo de 300 frenéticos manifestantes asediaban el exterior del hospital, esperando a lincharle. Las fuerzas de seguridad, que no hicieron nada contra los asaltantes llevaron a Çay a la comisaría para ser interrogado. Ibrahim logró escapar de la ciudad gracias a los parientes que acudieron a recogerle.  Los cinco asaltantes que habían sido llamados a declarar salieron con libertad tras los interrogatorios, mientras que la Fiscalía inició una investigación penal contra Ibrahim por “enaltecimiento del crimen y del terrorismo”, publicando una fotografía del mismo con el atuendo de “peshmerga”.


mudurnu-turk-kurt-catismasiEl 14 de septiembre, un grupo de hombres humillaron a un grupo de trabajadores kurdos en Mudurnu, noroeste de Turquía, en el lugar donde estaban construyendo una escuela. El motivo: “mirar irrespetuosamente la bandera turca”. Pronto se difundieron los rumores
de que los kurdos habían quemado la bandera turca, atrayendo a cientos de personas a la obra. La turba incendió el edificio aislando a ocho trabajadores en el tejado. Fueron rescatados después de varias horas. Una vez más los asaltantes no fueron cuestionados. Cuatro de los linchadores provenían de familias que servían como “guardias locales”, que son las milicias armadas por el gobierno, cuya misión es reforzar al ejército contra el PKK.


El 29 de julio, algunos rumores fueron difundidos en Askale, en el este de Turquía. Un trabajador kurdo de la construcción llevaba un anillo con el símbolo del PKK. Este hecho por sí solo fue motivo para que 2000 personas acudieran a la obra y atacaran a los 50 obreros kurdos que trabajaban allí.


El 8 de septiembre, las precarias viviendas de los trabajadores temporeros kurdos en Beypazari (cercano a Ankara), fueron quemadas y sus familias víctimas de maltrato.


El 9 de septiembre, un hombre de tez morena, fue golpeado en la ciudad mediterránea de Antalya, ya que los asaltantes presuponían que era un kurdo. Sólo después de identificarse con su carnet de identidad pudo ser liberado. 

Los intentos de linchamiento van de la mano de los ataques políticos y asesinatos. Los Medias Dogan, como el diario de tirada masiva Hürriyet y el canal de noticias CNN Türk se han convertido en uno de los principales blancos. Se han producido varios ataques mafiosos contra las oficinas de Hürriyet, que por cierto tiene una línea anti-PKK. La fiscalía ha puesto en marcha una investigación contra Media Group Dogan, acusándoles de apoyar al terrorismo. 

Un ejemplo notable de los ataques políticos llegó de manos del alcalde AKP del distrito de Gundogmus en Antalya, que se refirió al HDP como un partido unido al terror. Declaró: “los kurdos que rezan en la mezquita y luego votan al HDP no pueden ser mis hermanos. Los cobardes no pueden ser mis hermanos. Los que votaron al HDP involuntariamente son unos cobardes y los que lo hicieron  son cobardes voluntariamente”. 

En resumen, el nacionalismo y el extremismo religioso han resucitado la tradición física y política del “linchamiento”. Aunque aparentemente se realizan llamadas a la moderación, Erdogan no ha dudado en reactivar la mentalidad fascista, programada para matar y destruir. Un ejemplo sus declaraciones de la semana pasada cuando habló sobre “puños levantados con ira, y búsqueda de un lugar para acudir”. 

En lo que sigue siendo un rasgo inmutable del Estado, los autores de la violencia gozan del favor de las fuerzas de seguridad. Las fuerzas de seguridad han detenido tan solo a un puñado de personas, que han sido puestas en libertad tras los interrogatorios. Casi siempre han encontrado una razón para investigar a las víctimas. Bora utiliza la palabra “linchamiento” para describir una técnica de gobierno y un medio para moldear a la opinión pública, y esto ha regresado a Turquía bajo un nuevo formato y con nuevos actores. 

Fuente: Al-monitor

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